Este post es un homenaje a mi abuela Rosa, era la madre de mi madre, una mujer increíble que sabia hacer de todo. Pan, pasteles, jabón, cosía, hacia calceta, ganchillo, una interminable lista de cosas, pero lo que mejor sabia hacer era mimar a sus nietos.

En sus tiempos era panadera y su horno conocido como el horno de “ Botarrastells “ tenia lo que para mi era el mejor pan del pueblo pero lo que mas recuerdo son los dulces de Navidad, sus famosos pasteles de boniato y sus mantecados, dos recetas de mi familia que aun hacen mis primas Mª Jose y Rosa Mª que regentan en la actualidad el horno.

Mi abuela, cuidaba unos pequeños trozos de tierra en donde vivía con mis tíos “ la granja” , tenia muchos rosales, su aroma se notaba ya al caminar cerca de la granja.

Cultivaba de todo en un pequeño trozo de tierra, habas , tomates y una fresas riquísimas que desparecían “misteriosamente” cuando casi estaban maduras, tengo que reconocer que ahí tenia mucho que ver yo 😉 .

También cultivaba azafrán, era curioso todo el proceso, coger la flor, sacar las hebras, tostarlas y listo para usar, un ritual que me gustaba hacer con ella, me gustaba ir siempre pegada a su falda negra. Cuantas cosas me enseño, pero no fui consciente de ellas hasta que me hice mayor, el amor a las plantas y a las flores es una de sus herencias que conservo.

Fuimos creciendo todos primos y primas entre peleas y risas que mi abuela miraba atentamente y al llegar a la edad del pavo, llegó la moda de las prendas de ganchillo. La primera vez que vi una prenda de estas, quise una, pero en mi casa no nos lo podíamos permitir, era demasiado cara para nosotros, así que pensé inmediatamente en mi abuela, seguro que sabia hacerlas y así fue, para hacer estas prendas de moda usaba un hilo gordo de plástico especial y unos ganchillos muy grandes.

Nos hizo gorras, chalecos, bolsas de playa, todo un mundo de diseños que hizo de aquella época  una de las que con mas cariño recuerdo, ahora con los años aprecio mas aun el amor con el que nos hacia todas estas cosas y no puedo dejar de sentir añoranza.

Cuando descubrí a una vecina del pueblo sentada en la acera, al sol y haciendo magia con el ganchillo y sus manos, recordé a mi abuela, pensé que muchos niños podrían tener a sus abuelas, aquí, mas cerca, en mi pueblo con los Ninots hechos a mano, con el mismo amor que los hacia mi abuela Rosa y me puse a ello………..

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